Midiendo la función básica
“Para mejorar la calidad, no mida la calidad” (Genichi Taguchi).
Esta frase aparentemente contradictoria del creador de la Ingeniería Robusta revela casi que un secreto del mejoramiento! El hecho es que normalmente medimos los resultados finales de los procesos o datos de campo de productos. Es una práctica estándar medir el porcentaje de defectos, ppm, dpo, número de reclamos, tasa de fallas y otros del género (todos basados en algún tipo de conteo de no-conformidades con requisitos o tolerancias). Tales datos sirven para orientar o priorizar el foco de acciones correctivas (y, por lo tanto, de carácter reactivo). Pero cuando se trata de ser realmente preventivo, medir la leche derramada es demasiado tarde. Por eso el Dr. Taguchi alerta para la necesidad de medir y optimizar la función básica de los productos y procesos.
Medir la función técnica que el producto realiza para el cliente es realmente proactivo porque no depende de que ocurran fallas o defectos, ni siquiera de que sean especificadas tolerancias o criterios de aceptación, pues siempre existirá un valor ideal de referencia, mensurable a través de alguna magnitud física de ingeniería. De hecho, en el momento en que haya sido definida, la función básica ya puede ser medida, desde las etapas más tempranas de desarrollo del producto, y aún antes, al desarrollar las tecnologías a ser usadas en los futuros productos. Taguchi fue aún más allá en su pensamiento, reconociendo el hecho de que, para realizar su función básica, lo que todo producto o proceso del planeta hace es transformar energía. Así, medir la función básica es medir la transformación de energía que el sistema realiza para el cliente. Así, si optimizamos la eficiencia en la transformación de energía, simplemente no dejaremos energía “suelta” en el sistema, disponible para alimentar problemas. De este modo, casi que por milagro, desaparecen los síntomas (fallas, deformaciones, desgastes, etc.) decurrentes de la variabilidad en la transformación de energía. Considere, por ejemplo, un sistema de freno de automóviles. En vez de medir fallas como vibración, ruido audible o desgaste prematuro (cuyos datos estarán disponibles solamente después de probar una muestra significativa de ítems de producción normal), es mucho mejor medir la función básica del freno, que es “generar fuerza de fricción”. Si reducimos la variabilidad de la fuerza de fricción, todos aquellos síntomas (que son apenas diferentes formas de desperdiciar la energía disponible) tienden a desaparecer simultáneamente! Este es el abordaje central de la Ingeniería Robusta.
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Hasta la próxima edición!
Eduardo Moura

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