Cómo evitar la solución correcta para el problema equivocado
Restricción y mejoramiento
“Solamente a partir de la identificación de imperfecciones podremos concebir formas de mejorar” (Eli Goldratt)
Todos queremos mejorar. Jamás encontré alguien que estuviera en contra del mejoramiento (aunque pueda haber fuerte discordancia con respecto a la forma de hacerlo). Por lo tanto, es muy común que las empresas se involucren en la implementación de sugerencias de mejoramiento, en las más diversas actividades: alguien tiene una idea de cómo mejorar un proceso, desarrollar un nuevo producto, disparar un proyecto estratégico etc. Y, a partir de la idea propuesta, se movilizan recursos y se dedica tiempo a la ejecución de la idea. Pero en la mayoría de los casos el resultado final deja mucho que desear, y no raras veces genera consecuencias negativas que llegan a superar los eventuales beneficios. A pesar de esta formulación ser bien genérica, creo que usted puede dar algún ejemplo específico que haya vivido en la práctica. Como dice el dicho, el infierno está lleno de buenas intenciones…

Siempre hay dificultades cuando buscamos mejoramientos. Es natural que el fracaso a veces ocurra y, cuando ocurre, puede tener un importante efecto didáctico. Pero si las dificultades y fracasos se convierten en regla, en vez de la excepción, es hora de preguntar “¿por qué?”. ¿Por qué esto ocurre con tanta frecuencia? Veamos algunas justificativas típicas, normalmente ofrecidas después del hecho, sobre la leche derramada: “es que no usamos un método estructurado”; “no fue identificada la causa raíz”, “faltó liderazgo”, “faltó un control más riguroso”, “no contamos con los recursos necesarios”, “no tuvimos tiempo suficiente”… Pero ya vi varios casos en que fue usada una metodología, fue realizado un buen análisis de causas, hubo todo el apoyo y control necesario, y aun así vino el fracaso. ¿Por qué? Talvez la respuesta esté en la historia del esfero espacial: dicen que la NASA invirtió una suma considerable de dinero para desarrollar un esfero que pudiera escribir en el espacio, en la ausencia de gravedad. Sin embargo, los rusos ya habían resuelto el problema mucho tiempo antes: ellos usaban lápiz! Es decir: el verdadero problema no era “desarrollar el esfero espacial” y si “escribir en el espacio”… Moraleja de la historia: desde el inicio, asegúrese de haber escogido el problema correcto a ser resuelto.
Pero ¿cuál criterio debemos utilizar para escoger el problema correcto? Es ahí que la frase de Goldratt mostrada en el inicio puede ayudarnos. Aparentemente, la frase transmite una actitud reactiva. Alguien podría contra-argumentar: “Debemos ver el lado positivo de las cosas. Partir de las imperfecciones solamente nos llevará a remediar la situación. Seamos proactivos!”. Hay, sin embargo, algunos puntos que debemos esclarecer para entender bien lo que Mr. Eli dijo. En primero lugar, el verdadero mejoramiento es aquel que mejora el desempeño global (la meta del sistema) en algún aspecto relevante. Si consideramos los “mejoramientos” de manera aislada y puntual, lo más probable es que sean contraproducentes y, por lo tanto, “no-mejoramientos”. Luego, para definir el tema correcto a ser atacado, es indispensable partir de la visión sistémica, considerando a la empresa como un todo. En segundo lugar, cuando miramos globalmente el sistema complejo que es la empresa, debemos reconocer que no todo es igualmente importante. Necesariamente, en un dado momento, el cumplimiento de la meta del sistema estará limitado por algunos pocos factores críticos, talvez apenas uno: la restricción del sistema (el eslabón más débil de la cadena). Y ahí está el problema correcto a ser resuelto: la imperfección o limitación sistémica que nos impide obtener más de la meta que buscamos para la empresa.
Si partimos del problema equivocado, aunque realicemos una implementación perfecta, seguramente el resultado será irrelevante o hasta perjudicial. Pero cuando identificamos el problema correcto, aunque la solución sea implementada con ciertas deficiencias o lagunas, el resultado será expresivo. Por lo tanto, la próxima vez que le ocurra una idea o alguien le proponga un mejoramiento, considere antes de nada la siguiente pregunta: “OK. Esta es la solución, pero… ¿cuál es el problema?” Y trate de identificar el problema central!
Qué piensa Usted sobre eso? Comente, comparta con sus colegas, participe!
Hasta la próxima edición!
Eduardo Moura
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