Los Diez Mandamientos de la Excelencia Empresarial
En la edición anterior publicamos los “Siete Pecados Capitales”. Nada más justo ahora que considerar el antídoto para tales pecados: los “Diez Mandamientos de la Excelencia Empresarial”, escritos en el estilo bíblico marcado por Moisés, siervo del Altísimo, a lo largo de 40 años de peregrinación en el desierto, viviendo él y sus capitanes en rústicas tiendas, por la rebeldía de la multitud que los seguía:
I. No servirás a gurus extraños
Guárdate de los falsos maestros que se disfrazan de corderos, pero que por dentro son lobos devoradores, sirviendo a su propio vientre. No les prestarás culto, ni los servirás. No tendrás vergüenza de tu origen latina, ni cultivarás un espíritu de auto-conmiseración, pero aprenderás a apreciar el juego de cintura del que está dotado.
Examina todo; retén lo que es bueno.
II. Pensarás sistémicamente
Oye, oh ejecutivo, y aprende que tu empresa, mucho más que un mero aglomerado de tiendas, es un sistema complejo. Pensarás, decidirás y actuarás, siempre, desde el punto de vista sistémico. No privilegiarás el funcionamiento de las partes en detrimento del desempeño del todo, al contrario, habrás de subordinar las partes al todo. Sepa que el mercado no te tendrá por inocente si actúas de manera adversa a la que hoy te exhorto.
III. Liderarás con todo tu corazón
Recuerda que yo te designé como cabeza de este pueblo, para que los lideres, y uses toda tu sabiduría para encaminarlos a la victoria, hoy y siempre. Habrás de liderar y capacitar a tu pueblo para la acción consciente y eficaz de cada día. Habrás de comprender, en tu corazón, que son las acciones, tuyas y de tu pueblo, las cuales sacarais de vuestro copioso análisis basado en hechos y datos advenidos de tus procesos, si, habrás de comprender que son las acciones las que llevan a los números, y no los números a las acciones.
IV. Administrarás, de hecho y en verdad
Por lo tanto renunciarás solemnemente y por completo a la abominable doctrina de que gestionar es imponer y cobrar metas numéricas de tus subalternos. Pero cuidarás para que tu sistema de indicadores de desempeño posea estas dos virtudes que hoy te ordeno: 1) que orientes a tu pueblo, en cada tienda, respecto a qué hacer para el bien colectivo, aunque con perjuicio de las eficiencias locales; 2) que orientes a tus capitanes de diez, tus capitanes de cien, y tus capitanes de mil a actuar sobre lo que es más crítico para el desarrollo global del sistema, en cada momento de su vida fugaz debajo del sol.
V. No padecerás de miopía ejecutiva
No prenderás tu corazón al canto de la sirena de los resultados inmediatos, sino que diligentemente validarás el impacto futuro de vuestros actos y te asegurarás de extirpar preventivamente de tu medio todas las potenciales ramificaciones negativas de las acciones que vinieres a implementar, buscando la obtención de resultados consistentes, hoy y siempre. Guárdate de que tu corazón se corrompa con tu gloria pasajera, olvidándote de donde viniste y dejando de evaluar el futuro que sobre ti ha de venir. Recuerda que hoy cosechas lo que ayer sembraste.
VI. No confundirás
Cuida para que tus palabras y actos sean coherentes frente a aquellos cuyos ojos están puestos en ti continuamente. No suscitarás prácticas desarticuladas y confusas en medio de tu pueblo, pero de antemano asegurarás el direccionamiento armónico de las mismas. No cambiarás de programa a cada año, tal cual el necio que no se aburre de buscar futilidades debajo del sol.
VII. Respetarás a tu pueblo
No provocarás a tu pueblo a la ira, a la abandono, o al desconsuelo, metiéndote en prácticas que bien sabes serán inútiles y desprovistas de sentido común. No ofenderás la masa gris que reposa entre los dos oídos de tu gente. Erradicarás el miedo que hoy habita en el corazón de tu pueblo, conforme ya te advertía mi siervo Deming, desde los tiempos de la antigüedad.
VIII. No desperdiciarás
No usarás tus escasos recursos en vano. No minarás las energías de tu pueblo. No perderás tiempo, dinero y competitividad dando oídos a fábulas, y falsas doctrinas, y preceptos ultrapasados, tales como “costo del producto”, “ganancia de inventario”, “costo de mano de obra por pieza”, “lote económico” y conceptos similares a estos, todos basados en la abominable distribución de costos fijos. Pero a cada día identificarás las restricciones que hoy limitan el desempeño de tu organización y sobre ellas ciertamente has de colocar tus recursos, y tu precioso tiempo, y tu sufrido corazón. Guárdate también de desperdiciar montañas de dinero en intrincados y rígidos ERPs cuyos cronogramas de implementación parecen prorrogarse continuamente hasta la eternidad. No te meterás en tales aventuras sin un cuidadoso análisis de selección y sin el previo trabajo de estandarización integrada de tus procesos, definiendo claramente la metodología de trabajo y el flujo interdepartamental de materiales e informaciones, al mismo tiempo que eliminas todo tipo de desperdicio que no agrega valor. Recuerda, siempre, que los computadores son apenas herramientas, y no métodos.
IX. No burocratizarás
Guárdate y no que te dejes seducir por la falsa impresión de eficacia traída por las prácticas burocratizantes, pues tal cual ardientes víboras del desierto, ellas sutilmente inyectarán en tus entrañas el veneno letal de la parálisis organizacional. No criarás elefantes blancos en medio de tu pueblo, ya sea en régimen de confinamiento o libres, en los pastos de tu rebaño. No implementarás la norma por la norma.
X. No imitarás
No imitarás a las empresas de éxito a tu alrededor, pero si investigarás los principios que guían su éxito. Abominarás por completo las prácticas decurrentes de principios incompatibles con tus valores fundamentales, por más atractivas que sean a tus ojos. Si un día llegas a la conclusión de que tus valores necesitan un cambio, de todo los revisarás y los realinearás, y diligentemente los inculcarás a tu pueblo, al acostarse y al levantarse, para que te vaya bien.
Hasta la próxima edición!
Eduardo Moura


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