Paradigmas 3: el Paradigma del Mundo del Costo

Posted By Eduardo Moura in Blog |


Paradigmas 3: el Paradigma del Mundo del Costo
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Continuando nuestra serie sobre paradigmas, abordamos ahora una verdadera “vaca sagrada” de la administración: El Paradigma del Mundo del Costo. Como introducción, recomiendo al lector dos artículos anteriormenteEduardo-Moura publicados en nuestro blog: 1) “Para reducir costos, no priorice la reducción de costos” y 2)  “Costo del Producto: ya es tiempo de exorcizar este fantasma contable”.

La esencia del Paradigma del Mundo del Costo consiste en creer que “cada dólar economizado es un dólar en el bolsillo”. Luego, partiendo de la ecuación Utilidad = Precio – Costo y reconociendo que la cuestión del precio es algo bastante complejo que se define allá en el mercado (mercado que constituye una realidad bien distante de la operación de la mayoría de las empresas), se dispara el énfasis en reducir costos como la principal, la más fácil y frecuentemente la única opción para tener más utilidad.

Bien, antes de iniciar esta breve discusión, vale la pena resaltar que el costo es realmente muy importante y no debemos desperdiciar oportunidades de ser más eficientes en costo. Lo que en realidad urge una revisión de la mentalidad empresarial dominante es la prioridad dada a la reducción de costos (en detrimento de otras cosas más importantes para la rentabilidad final) y también a las prácticas tradicionalmente utilizadas para “reducir” costos artificialmente, a través de la Contabilidad de Costos. Para evidenciar esto, vamos a tratar aquí apenas algunas de las aplicaciones más frecuentes del paradigma en cuestión, buscando cuestionar su validez en los días de hoy.

Paradigmadel MundodelCosto

Como primer ejemplo, es común ver metas establecidas para que Producción maximice el indicador “tasa de utilización de activos”, lo que a su vez requiere que los recursos productivos sean continuamente utilizados para procesar grandes lotes, sin interrupción. ¿Y para qué? Para “diluir” el costo del producto… Por otro lado, eso trae un conflicto con el alto nivel de inventario resultante (pues generalmente la producción está anticipada con base en “forecasts”, que no se confirman en gran parte) y el costo global, paradójicamente, aumenta (aunque el falso indicador “costo unitario del producto” disminuya). Toda esa contradicción es consecuencia de  inocentemente asumir como verdadera la premisa de que “el costo disminuye con el aumento del volumen de producción”. Repito: en verdad, la única cosa que disminuye es el cálculo que se realiza después: (Costo Fijo + Costo Variable) / (Cantidad Producida). Las demás cosas, mucho más relevantes que tal cálculo, y que acaban determinando el costo global, tienden a aumentar considerablemente: complejidad de planificación y  operación, inventarios de materia prima, inventarios en proceso, inventario de producto terminado, pérdidas por obsolescencia, daños de manipulación y almacenamiento, costo de almacenamiento, costo de movimiento y transporte de materiales, costo de control de inventario, etc. etc. etc.

Aquí no hay espacio para desarrollar mucho más el tema, pero la solución de ese conflicto pasa por romper completamente con el uso del falaz indicador “costo unitario del producto” y adoptar otro indicador mucho más eficaz: (Throughput) / (Tiempo de Uso del Cuello de Botella), donde Throughput = (Precio de Venta) – (Costo Totalmente Variable, sin cualquier distribución de costo fijo) y “Cuello de Botella” es el recurso productivo con menor capacidad de procesamiento en toda la cadena de creación de valor. Funciona mucho mejor. Ya tuve la oportunidad de facilitar ese cambio en algunas empresas, y la rentabilidad final aumenta considerablemente, con frecuencia apuntando como prioridad de mercado algunos productos antes vistos como “patitos feos” y reemplazando otros considerados como “estrellas”.

Un segundo ejemplo de las molestias causadas por el Paradigma del Mundo del Costo son las tremendas peripecias contables para llegar al cálculo del “costo unitario del producto”, con las inevitables definiciones de criterios arbitrarios para distribución de costos fijos (por “tiempo de mano de obra directa”, por “área ocupada”, por “volumen de venta”, etc.) y las correspondientes complicaciones (y costo) en el sistema informático, en la operación y en los respectivos controles. Como decía Eli Goldratt, el sistema de costeo ABC (Activity Based Costing) y otros refinamientos del Mundo del Costo son apenas intentos desesperados para preservar un paradigma obsoleto en sus raíces, ya que las premisas de la Contabilidad de Costos se hicieron inválidas por el impacto de la tecnología sobre la productividad. Explico: en el inicio del siglo pasado el costo fijo (“overhead”) era una pequeña parte del costo total, de modo que la distribución de parte de ese costo fijo a cada unidad producida era una aproximación válida y útil para tomar decisiones. Sin embargo, actualmente el “overhead” es la mayor parte del costo total, lo que hace que el cálculo tradicional del costo unitario del producto genere serísimas distorsiones, llevándonos invariablemente a las peores decisiones! Frente a esto, una solución (vergonzosamente simple) es definitivamente dejar de lado las complicaciones de cálculo del “costo unitario del producto” y sustituirlo por el “throughput unitario del producto”. Eso, conforme enseña la Contabilidad de Throughput, permitirá prever el impacto de las decisiones y medir la rentabilidad final con mucha mayor rapidez, precisión y facilidad.

Finalmente un tercer ejemplo es el dilema “Parar x No Parar la Producción” frente a un problema en el proceso (tales como defectos, pequeñas interrupciones de máquina, pérdida de velocidad). La decisión que normalmente se toma es continuar produciendo, cueste lo que cueste, porque “la línea de producción no puede parar”. ¿Y por qué no? Porque “mayor volumen de producción reduce el costo”. Y llegamos a la misma falsa premisa anterior. Lo que hace que las deficiencias crónicas de producción se oculten, y a partir de ahí sean formalmente planificadas, ya que los constantes costos resultantes pasan a ser incorporados a los cálculos. Y peor aún: las personas de operación, delante de cuyos ojos tamaña ineficiencia se abre diariamente, reciben un claro mensaje de pasividad, desatención e impotencia frente a los problemas que minan su productividad. Lo que, de un modo no despreciable, los degrada como seres humanos.

Es por todo eso que Goldratt osadamente afirmó: “La Contabilidad de Costos es el enemigo número 1 de la Productividad.” Por lo tanto, ya pasó la hora de romper con el Paradigma del Mundo de los Costos y adoptar su sustituto, el Paradigma del Mundo del Throughput.

En el próximo (y último) artículo de esta serie, abordaremos el Paradigma de la Indolencia Humana.

 ¿Y usted? ¿Qué piensa sobre este tema?

Cualquier comentario será muy bienvenido. 

Hasta la próxima edición!

Eduardo C. Moura

Brazil